Te cambia la cara, en especial los ojos: brillan más. Todo tu cuerpo se ilumina, irradiando luces fluorescentes. Cuando hablas de tu boca se emanan las mas bellas imágenes, coloridas, intermitentes, como película en slow motion. Se congelan los días, como una historia sin final, la cereza del pastel, el billete que encuentras en el viejo pantalón. Es como la visita inesperada de aquel amigo que hace tiempo no veías, es como si el tiempo se detuviera y como si las nubes fueran de algodón y pudiéramos alcanzarlas con tan sólo brincar. Como si de pronto todos los males desaparecieran. Las guerras, el hambre, la intolerancia, la injusticia fueran sólo un mal sueño, como si con sólo desearlo lo imposible se hiciera posible al tronar de tus dedos. Como si las flores, las aves, los atardeceres fueran tuyos solamente. Como si los días y las noches fueran interminables, vemos las palabras como música sublime, los besos, las caricias, las miradas como versos y armonía, la tristeza como algo lejano e imposible, la ternura como el pan de cada día y la dicha se convierte en tu rutina.
Pero cuando la rutina nos envuelve todo esto se revierte, queremos que los días se terminen, que el cansancio nos sede, que los ojos se nos cierren y los sueños nos liberen. La magia se esfuma como el humo de dragón, nuestra mente se convierte en enemiga. Por los ciclos poseídos, nos damos cuenta al fin que el amor es imperfecto y que llenos de defectos estamos, que nada es eterno, que todo tiene un principio y un fin: un renacimiento y una inevitable muerte. Las aves, los amaneceres y las flores pierden su encanto; el hambre, las guerras y la injusticia nos abruman, las pesadillas se vuelven realidades. Las mentiras, los celos, la impaciencia se manifiestan: ya no se ven más los vivaces colores. De las palabras ya no salen armoniosas melodías, el cielo y las estrellas de pronto pierden su encanto, la luna se convierte en el consuelo. Nos olvidamos del sabor de la risa, los ojos pierden vida, la paz más lejana, la dicha olvidada, el cuerpo pierde el brillo, se cansa, se marchita cuando el tiempo nos consume y el amor volando, volando se va…

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